como superar un trastorno alimenticio

Reconocer las maneras en que todos pueden ayudar


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    Familiarízate con los diferentes tipos de trastornos alimenticios. Este artículo se enfoca en los tres trastornos alimenticios principales. De acuerdo con el sistema de categorización psiquiátrica aceptado en el DSM-V (siglas de Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), los trastornos alimenticios abarcan tres trastornos principales: la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón.[2] Es importante tener en cuenta que también existen otros tipos de trastornos alimenticios. Si tienes una relación difícil o infeliz con la comida, habla con un médico o terapeuta profesional que pueda ayudarte a identificar tu problema particular.[3]
    • La anorexia nerviosa es un trastorno alimenticio que se caracteriza por no comer y por una pérdida de peso excesiva. En las personas que sufren este trastorno, el deseo de perder peso se convierte en una obsesión completa. Sus tres características principales son la incapacidad o el rechazo a tener un peso corporal saludable, el miedo a subir de peso y una imagen corporal distorsionada.[4]
    • Las personas que padecen bulimia nerviosa tienen obsesiones por comer compulsivamente y luego emplean varios métodos de purga, como los vómitos o el consumo de laxantes, con la finalidad de no subir de peso a causa del atracón de comida.[5]
    • El trastorno por atracón se produce cuando una persona come compulsivamente grandes cantidades de comida. A diferencia de la bulimia, las personas que sufren un trastorno por atracón no se purgan después de comer, aunque podrían hacer dieta de manera esporádica debido a la culpa, la autoaversión o la verguenza.[6]

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    Investiga los factores que causan o contribuyen a estos trastornos alimenticios. Existe una serie de posibles factores de riesgo que se relacionan con los trastornos alimenticios. Entre ellos están los factores neurobiológicos y hereditarios, la baja autoestima, la gran ansiedad, el deseo de ser perfecto, la necesidad constante de agradar a las personas, las relaciones problemáticas, el abuso sexual o físico, los conflictos familiares o la incapacidad para expresar las emociones.[7]

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    Considera la posibilidad de donar dinero a las organizaciones que ayuden a tratar estos trastornos. Existen muchas organizaciones, como las mencionadas previamente, que se encargan de informar sobre los trastornos alimenticios y ayudar a las personas que los sufren. Si conoces o te preocupa que alguien sufra un trastorno alimenticio, realizar una donación podrá ayudarte a combatir su problema al mejorar los servicios ofrecidos y divulgar la información.

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    Deja de sentir vergüenza por tu cuerpo. Deja de criticar tu propio cuerpo o el de alguien más. Las personas pueden mortificarse al decir cosas como “Nunca podré usar un traje de baño con este estómago”. Los padres, hermanos y amigos también podrían criticar a los demás cara a cara o a sus espaldas. Por ejemplo, una madre podría hacerle un comentario severo a su hija al decirle “No conseguirás a una pareja para el baile si no bajas algunos kilos”.[8]
    • En pocas palabras, si no tienes algo positivo o alentador que decir sobre ti o alguien más, evita decir nada en absoluto. Las palabras pueden lastimar. Quizás solo bromees, pero las personas que escuchan podrían tomar tus palabras en serio.
    • Defiéndete de las personas (p.ej. amigos, familiares, compañeros de trabajo, medios de comunicación, etc.) que critican la apariencia del cuerpo y decídete a alentar a aquellas que destacan algo positivo sobre todos los cuerpos.

  5. superar tu propio transtono

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    Presta atención a las señales físicas de advertencia. Debes ser honesto contigo mismo cuando busques las señales de advertencia de un trastorno alimenticio, pues esta condición puede ser mortal. No subestimes la gravedad de tu trastorno alimenticio ni sobreestimes tu capacidad para tratarte por cuenta propia. Algunas señales de advertencia a las que debes prestar atención son las siguientes:[9]
    • Sufres de bajo peso (menos del 85 % de la norma aceptada para tu edad y talla).
    • Tienes mala salud. Has notado que sufres moretones con facilidad, careces de energía, tu piel es pálida y amarillenta, y tu cabello es opaco y seco.
    • Sufres mareos, sientes mucho más frío que los demás (mala circulación), tus ojos están secos, tu lengua está hinchada, tus encías sangran y retienes mucho líquido.
    • Eres mujer y han pasado tres meses o más sin que tengas la menstruación.
    • Algunas señales adicionales de la bulimia podrían ser marcas de dientes en la parte posterior de los dedos, náuseas, diarrea, estreñimiento e hinchazón en las articulaciones.

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    Presta atención a las señales de conducta presentes en los trastornos alimenticios. Además de los cambios físicos que afectan tu cuerpo, los trastornos alimenticios también están relacionados con los factores emocionales y de conducta. Estos factores podrían ser los siguientes:
    • Si alguien te dijo que tienes bajo peso, no le creerías e incluso afirmarías lo contrario. También es posible que no tomes en serio ninguna sugerencia con respecto a tu peso.
    • Sueles utilizar ropa holgada o suelta para ocultar una pérdida de peso repentina o radical.
    • Inventas excusas para no estar presente a la hora de comer o has descubierto métodos para comer muy poco, ocultar la comida o vomitarla después.
    • Estás obsesionado con las dietas, con el tema relacionado a ellas y con las formas de comer menos alimentos.
    • Tienes mucho miedo de ser gordo o engordar, y eres riguroso contigo mismo acerca de tu figura y peso.
    • Sigues un régimen de ejercicios extenuante y severa que podría considerarse un exceso.
    • Evitas relacionarte o salir con personas.

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    Habla con un terapeuta especializado en el tratamiento de trastornos alimenticios. Un profesional capacitado puede ayudarte a determinar los pensamientos y sentimientos que te obligan a hacer dieta en exceso o a comer compulsivamente. Si sientes demasiada vergüenza como para hablar con alguien, ten la certeza de que un terapeuta capacitado en trastornos alimenticios no te hará sentir avergonzado de ti. Estas personas han dedicado sus vidas profesionales a ayudar a los demás a superar estos problemas. Asimismo, están al tanto de tus problemas, entienden las causas subyacentes y, lo que es más importante, pueden ayudarte a solucionarlos.
    • El mejor tratamiento para controlar los trastornos alimenticios consiste en algún tipo de terapia o asesoría psicológica además de un control minucioso de las necesidades médicas y nutricionales.[10][11]
    • En la terapia, esto es lo que sucederá:
      • Serás escuchado de manera respetuosa.
      • Tendrás una oportunidad de contar toda tu historia y solicitar ayuda específica.
      • Te desharás de las presiones que familiares y amigos podrían ejercer en ti. Un terapeuta puede actuar como un amortiguador y un consejero o, por lo menos, enseñarte estrategias de afrontamiento durante el proceso de curación y la manera de superar los conflictos dentro del entorno familiar.
      • Te tratarán como alguien valioso y te asegurarán que, con las herramientas adecuadas, podrás mejorar de nuevo.

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    Determina la razón por la que podrías haber desarrollado un trastorno alimenticio. Puedes ayudar a la terapia al realizar una autoexploración que te permita determinar la razón por la que sientes la obligación de seguir bajando de peso y de despreciar a tu cuerpo. Quizás haya algunas autorrevelaciones que te ayuden a entender mejor la manera en que tus hábitos alimenticios se han transformado en una forma poco saludable de lidiar con algo más que te perjudica, como un conflicto familiar, la falta de amor o la incapacidad para sentirte lo suficientemente bien.[12][13]
    • ¿Hay algún aspecto de tu vida sobre el que no tienes control?[14] ¿Tu vida ha sufrido cambios recientes que no son de tu agrado (divorcio, mudanza a una ciudad nueva), pero que no puedes controlar?
    • ¿Has sido víctima de abuso físico, emocional o sexual?[15]
    • ¿Tu familia tiene normas de perfección estrictas? ¿Es sobreprotectora, controladora o sin límites?[16]
    • ¿Tus padres no se involucran en tu vida?[17]
    • ¿Te comparas con los demás? Las imágenes de los medios de comunicación son los peores culpables, pero también lo son los amigos, las personas populares y aquellas a quienes admiras.
    • ¿Comes comida chatarra o una mayor cantidad cuando tienes las emociones a flor de piel? En ese caso, es posible que se te haya hecho un hábito que surge de manera inconsciente y que ha tomado el lugar de actividades tranquilizadoras más adecuadas, tales como desafiar los pensamientos negativos o aprender a elogiarte por todo lo bueno que haces.
    • ¿Crees que tener un cuerpo más esbelto te permitirá practicar mejor los deportes? Si bien algunos deportes, como la natación y la gimnasia, podrían favorecer a los cuerpos más pequeños y ágiles (pertenecientes a las mujeres), ten en cuenta que muchos otros factores permitirán determinar el éxito de una persona en algún deporte. Recuerda que ninguna actividad deportiva vale la pena el sacrificio de tu salud.

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    Escribe un diario en el que registres los alimentos que consumes. Este diario tiene dos propósitos: el primero y más práctico es establecer tus patrones alimenticios, y permitirte a ti y a tu terapeuta a determinar los tipos de alimentos que comes, así como el momento y la manera en que lo haces. La segunda parte, y la más subjetiva, del diario consiste en escribir tus pensamientos, sentimientos y emociones relacionadas con los hábitos alimenticios que has cultivado. Esta parte también servirá para que anotes tus temores (de modo que puedas afrontarlos) y sueños (de modo que puedas planificar tus objetivos y cumplirlos). Algunas de las cosas que puedes explorar en tu diario son las siguientes:[18]
    • Pregúntate qué podría estar pasando. ¿Te comparas con los modelos de las revistas? ¿Sufres una gran cantidad de estrés (a causa de la escuela, universidad o trabajo, por problemas familiares o presión de grupo)?
    • Escribe los rituales en torno a los alimentos que has desarrollado, así como la forma en que te sientes con respecto a ellos.
    • Escribe tus sentimientos relacionados con tu problemas para controlar tus patrones alimenticios.
    • Si manipulas a las personas para engañarlas y ocultar tu comportamiento, ¿de qué manera eso afecta a tus relaciones y a tu cercanía con los demás? Explora este asunto en tu diario de alimentos.
    • Escribe las cosas que has logrado en tu vida. De esta manera, podrás tener una mejor comprensión de lo que has hecho. Esta lista te permitirá sentirte mejor contigo mismo cuando veas que las cosas buenas se van acumulando.

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    Busca el apoyo de un amigo o familiar de confianza. Habla con esta persona sobre lo que te ocurre. Lo más probable es que esté preocupada por ti y quiera ayudarte a superar el trastorno alimenticio, aun cuando solo se trate de permanecer a tu lado.
    • Aprende a expresar tus sentimientos en voz alta y acepta los sentimientos que tienes. Ser asertivo no consiste en ser arrogante o egoísta, sino en contarles a los demás que también eres valioso y mereces ser valorado.
    • Uno de los factores clave que forman la base de muchos trastornos es una negativa o incapacidad para defenderte y expresar completamente tus propios sentimientos y preferencias. Una vez que esto se convierta en un hábito, la falta de asertividad te hará sentir menos digno, y capaz de superar un conflicto y la infelicidad. En consecuencia, el trastorno se convertirá en la voz que te “ordena” cosas (aunque de una forma muy sesgada y poco saludable).

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    Busca otras formas de lidiar con tus emociones. Busca salidas positivas para relajarte después de tener un día estresante. Bríndate estos momentos personales de tranquilidad para enfocarte únicamente en ti. Por ejemplo, escucha música, sal a caminar, mira el atardecer o escribe un diario. Las posibilidades son infinitas, así que busca algo divertido que te relaje con la finalidad de lidiar con las emociones perjudiciales y estresantes.
    • Haz algo que hayas anhelado hacer por mucho tiempo pero que no hayas hecho todavía por falta de tiempo u organización. Inscríbete en una clase para aprender algo nuevo que hayas querido hacer, comienza a escribir un blog o un sitio web, elige un instrumento musical, ve de vacaciones, o lee un libro o una serie de libros.
    • Los tratamientos alternativos pueden ser útiles para ayudarte a tratar un trastorno alimenticio. Habla con tu médico sobre la posibilidad de probar actividades tales como el uso de medicamentos, yoga, masajes o acupuntura.[19]

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    Adopta mecanismos de afrontamiento saludables para contrarrestar el estrés.Tranquilízate cada vez que te sientas fuera de control. Llama a alguien por teléfono y enfócate en la voz de la persona, toca las cosas que están cerca de ti (p.ej. un escritorio, mostrados, peluche o pared) o abraza a alguien con quien te sientas seguro. Las técnicas para tranquilizarte te permitirán reconectarte con la realidad y abstenerte de obsesionarte con el pasado o el presente.[20]
    • Duerme bien y establece una rutina de sueño saludable. Dormir puede restablecer tu perspectiva y energía. Si no duermes lo suficiente a causa del estrés y la preocupación, explora formas de mejorar tu rutina de sueño.

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    Sé tan amable contigo mismo como lo eres con los demás. Observa a las personas a tu alrededor que te parezcan hermosas pese a todas sus peculiaridades y apréciate de la misma manera. Observa la belleza en tu interior en lugar de concentrarte en los defectos. Deja de ser tan estricto con tu apariencia, pues cada cuerpo humano es un milagro, un aliento de vida en el continuo de tiempo, y mereces ser feliz en este momento.[21]

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    Olvídate de la balanza. Nadie debe pesarse a diario, independientemente de que tenga un trastorno alimenticio o no. Hacerlo supone esquematizar una fluctuación irreal del peso personal y obsesionarte con los números en lugar de enfocarte en el todo. Reduce gradualmente la frecuencia con la que te pesas hasta que solo lo hagas una o dos veces al mes.[22]
    • Deja que tu ropa indique tu peso en lugar de tu balanza. Elige tus atuendos favoritos que se encuentren dentro del rango de peso saludable y úsalos como el barómetro para saber si te ves bien y si tienes un peso saludable.

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    Haz las cosas paso a paso. Presta atención a los cambios mínimos que mejoren tu salud y considéralos como un gran paso en el proceso de curación. Aumenta las porciones de comida de manera gradual, ejercítate cada vez menos, etc. Tratar de detener estos hábitos abruptamente no solo será emocionalmente más difícil para ti, sino que también puede afectar a tu cuerpo y provocar otros problemas de salud. Una vez más, es mejor hacerlo con la supervisión de un profesional, como un especialista en trastornos alimenticios.
    • Si tienes un peso excesivamente bajo, no será posible hacer las cosas de manera gradual. En tales casos, probablemente debas ser hospitalizado y sometido a un régimen nutricional para garantizar que tu cuerpo reciba los nutrientes esenciales que necesita.

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